viernes, 15 de diciembre de 2017

El ferrocarril subterráneo

Ha sido este 2017 un año cargado de libros, tantos que desde verano llevo hablando de dos libros a la semana y veía que llegaba diciembre y no me daba tiempo a hablar de todo lo que he leído. Pero no, la cosa se ha tranquilizado, es decir, estoy leyendo menos, o quizá es que en estos días he leído algún libro más voluminoso, el caso es que casi, casi, estoy al día de reseñar por aquí mis lecturas en lo que va de año. Quitando, por supuesto, algunos libros viajeros que no han terminado su camino y de los que no puedo hablar aún.

Compré este libro para hacer un regalo. Y luego me llamaba desde la caja donde lo coloqué antes de enviarlo a su destinataria, así que me lo leí y lo envié ya de segunda mano. Donde hay confianza, ya sabes... (lo siento, no es práctica habitual en mí)



Título: El ferrocarril subterráneo
Autora: Colson Whitehead
Editorial: Random House


El caso es que me gustó y, aunque parecía una historia que, a priori, estaba ya muy trillada, y poco original se podía hacer con ella, resulta que el desarrollo de la acción y los personajes es muy interesante, termina enganchando, con una forma diferente de tratar el tema.

El tema en cuestión es la esclavitud en los Estados Unidos. Y se centra en la forma de vida de las comunidades de esclavos, en sus penurias y en su día a día. De esta manera conocemos a los personajes principales antes de comenzar la acción.

A partir de ahí, la ficción consiste en una red de ferrocarriles subterráneos que se supone que existían para ayudar a los esclavos a escapar de sus condiciones de vida y los llevaban a otro lugar mejor. Y, con ello, una serie de personas que trabajan de manera clandestina en esos ferrocarriles para ayudar a los esclavos a escapar.

El libro viene avalado por dos premios importantes: el Pulitzer y el National Book Award. Me ha parecido una buena novela, sin entusiasmarme ni llegarme muy dentro, pero por momentos me ha emocionado y me ha parecido bastante entretenida.

jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Qué pasa cuando falta un profesor?

Todos más o menos lo sabemos. Cuando falta un profesor, siempre hay alguien que lo sustituye. En los institutos y colegios públicos, siempre hay al menos un profesor de guardia para cuidar a los alumnos que no tienen profesor porque el suyo no ha venido.

Antes de la crisis, si faltaba un profesor, y se preveía que iba a tardar unos días en volver, mandaban a uno para sustituirle. Para eso está la lista de interinos, organizada de tal forma que se llama por teléfono al siguiente y en unas horas, o al día siguiente, ya está trabajando en el centro asignado. Esto sigue ocurriendo, por ejemplo, con los permisos por matrimonio, o con los permisos no remunerados. Si tú pides unos días sin sueldo, como además tienes que hacerlo con tiempo, es muy probable que manden a alguien a sustituirte.




Pero después de la crisis, muchos funcionarios perdimos un montón de derechos, derechos adquiridos con los años, a base de reivindicaciones, de negociaciones de nuestros sindicatos e incluso de huelgas. De un plumazo nos aumentaron en número de horas lectivas, el número de alumnos, y con ello la carga de trabajo. Todos por entonces lo admitimos (no nos quedó más remedio) con mayor o menor grado de insatisfacción.

Entre esas medidas de crisis se puso en práctica una: no llamar a sustituir a nadie antes de quince días. Es decir, que si vas a tardar en volver, porque te han operado de algo, o estás enfermo y se prevé que estarás de baja más de quince días, tus alumnos no tienen profesor durante las dos primeras semanas de tu baja. Con suerte. Con esto la administración se ahorra muchísimo dinero porque hay muchas bajas de este tipo.




No sé cuál es la práctica en los colegios de primaria, pero en secundaria, si te pones malo de hoy para mañana no hay nada que preparar. No lo has previsto y, por tanto, está claro que no puedes hacer nada al respecto. Pero si sabes que vas a faltar, por el motivo que sea, tienes la obligación (no sé si real o simplemente moral) de dejar trabajo para tus alumnos.

Lo de dejar trabajo viene muy bien para que el profesor de guardia no tenga solamente que aguantar a las fieras, sino que no pierdan la hora de clase y hagan algo provechoso.




Pero no nos engañemos. Muchas veces los profesores dejamos simplemente una fotocopia de ejercicios relacionados con lo que estamos trabajando que luego pasa por nuestras manos sin pena ni gloria y ya está.

Otra práctica bastante habitual en mi centro es, si prevés que vas a faltar un día, poner un examen ese día. Me parece bastante adecuada así, en general, porque los alumnos no pierden clase y el examen ibas a hacerlo de todas formas. Pero ya me ha tocado cuidar un examen de física y química en el que mis alumnos tenían dudas y yo ni idea de resolverlas.

No es complicado mandar trabajo para tus alumnos si vas a faltar uno o dos días, pero si son más, y tienes muchas horas con cada grupo, como es mi caso, las cosa se pone difícil. Especialmente si lo que quieres es que no pierdan el tiempo.




Resulta que yo ya estoy de vacaciones. Y cuando escribo o pienso en vacaciones me da la risa, porque una serie de circunstancias familiares hace que se me encadenen dos intervenciones quirúrgicas (leves) de familiares y que falte a clase desde ayer hasta el día que damos las vacaciones, el 22, incluidos.

Pues bien, lo que más difícil me ha resultado es preparar trabajo para mis chicos. Trabajo real, no una simple fotocopia. He preparado actividades individuales y en grupo, algunas con ordenadores, y también el repaso que siempre hacemos a la evaluación, al trimestre. Y ha resultado complicado porque con mis alumnos tengo ocho horas a la semana, lo cual implica dos horas casi todos los días. Y hay que ir cambiando de actividad para que no se me tiren de los pelos y se produzca un suicidio colectivo.




En fin, que me he pasado todo el puente, y el lunes toda la tarde y parte de la noche terminando actividades que luego mis compañeros de guardia (algunos) olvidarán entregarles, o no tendrán ganas de hacer con ellos, o que ellos pensarán que son un rollo y no pondrán en ellas el trabajo y el entusiasmo que deberían, o al menos lo que harían si yo estuviera para empujarles. Lo único bueno es que pienso que ya les tengo acostumbrados a trabajar a su ritmo y solos, especialmente con trabajo proyectado y ordenador, o en grupo, y ayer, por ejemplo, ya me enviaron los archivos compartidos del primer proyecto que están haciendo y no pinta mal.

Conclusión: que no me gusta nada esto de no poder vigilar lo que hacen mis alumnos.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

He visto 40. Alias Grace

Animada por el éxito de El cuento de la criada, he visto Alias Grace.



Se trata de una serie de una única temporada basada en una novela de Margaret Atwood. La trama parte de una joven condenada a muerte y luego a cadena perpetua por un crimen del que al inicio nada sabemos.




A través de las sesiones con un médico psiquiatra, la joven Grace nos va contando cómo ha sido su vida y, finalmente, cómo sucedieron los hechos por los que está recluida. Lo interesante es el juego que es establece entre la narradora, la voz de la propia Grace, y el espectador, que conoce los hechos solo por lo que ella nos cuenta, pero no sabe si dice la verdad o está mintiendo. Y si mintiera, tampoco sabemos hasta qué punto ella sabe la verdad o no de lo ocurrido o hasta qué punto es o no culpable.




Creo que el libro puede ser mucho más interesante que la serie, y estoy segura de que me habría gustado mucho más. Y no es que me haya disgustado, pero me ha dejado un poco fría. Aunque, de momento, descarto leer este libro porque tengo muchas lecturas acumuladas y esta no me apetece ahora mismo. Pero nunca se sabe.