viernes, 15 de diciembre de 2017

El ferrocarril subterráneo

Ha sido este 2017 un año cargado de libros, tantos que desde verano llevo hablando de dos libros a la semana y veía que llegaba diciembre y no me daba tiempo a hablar de todo lo que he leído. Pero no, la cosa se ha tranquilizado, es decir, estoy leyendo menos, o quizá es que en estos días he leído algún libro más voluminoso, el caso es que casi, casi, estoy al día de reseñar por aquí mis lecturas en lo que va de año. Quitando, por supuesto, algunos libros viajeros que no han terminado su camino y de los que no puedo hablar aún.

Compré este libro para hacer un regalo. Y luego me llamaba desde la caja donde lo coloqué antes de enviarlo a su destinataria, así que me lo leí y lo envié ya de segunda mano. Donde hay confianza, ya sabes... (lo siento, no es práctica habitual en mí)



Título: El ferrocarril subterráneo
Autora: Colson Whitehead
Editorial: Random House


El caso es que me gustó y, aunque parecía una historia que, a priori, estaba ya muy trillada, y poco original se podía hacer con ella, resulta que el desarrollo de la acción y los personajes es muy interesante, termina enganchando, con una forma diferente de tratar el tema.

El tema en cuestión es la esclavitud en los Estados Unidos. Y se centra en la forma de vida de las comunidades de esclavos, en sus penurias y en su día a día. De esta manera conocemos a los personajes principales antes de comenzar la acción.

A partir de ahí, la ficción consiste en una red de ferrocarriles subterráneos que se supone que existían para ayudar a los esclavos a escapar de sus condiciones de vida y los llevaban a otro lugar mejor. Y, con ello, una serie de personas que trabajan de manera clandestina en esos ferrocarriles para ayudar a los esclavos a escapar.

El libro viene avalado por dos premios importantes: el Pulitzer y el National Book Award. Me ha parecido una buena novela, sin entusiasmarme ni llegarme muy dentro, pero por momentos me ha emocionado y me ha parecido bastante entretenida.

jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Qué pasa cuando falta un profesor?

Todos más o menos lo sabemos. Cuando falta un profesor, siempre hay alguien que lo sustituye. En los institutos y colegios públicos, siempre hay al menos un profesor de guardia para cuidar a los alumnos que no tienen profesor porque el suyo no ha venido.

Antes de la crisis, si faltaba un profesor, y se preveía que iba a tardar unos días en volver, mandaban a uno para sustituirle. Para eso está la lista de interinos, organizada de tal forma que se llama por teléfono al siguiente y en unas horas, o al día siguiente, ya está trabajando en el centro asignado. Esto sigue ocurriendo, por ejemplo, con los permisos por matrimonio, o con los permisos no remunerados. Si tú pides unos días sin sueldo, como además tienes que hacerlo con tiempo, es muy probable que manden a alguien a sustituirte.




Pero después de la crisis, muchos funcionarios perdimos un montón de derechos, derechos adquiridos con los años, a base de reivindicaciones, de negociaciones de nuestros sindicatos e incluso de huelgas. De un plumazo nos aumentaron en número de horas lectivas, el número de alumnos, y con ello la carga de trabajo. Todos por entonces lo admitimos (no nos quedó más remedio) con mayor o menor grado de insatisfacción.

Entre esas medidas de crisis se puso en práctica una: no llamar a sustituir a nadie antes de quince días. Es decir, que si vas a tardar en volver, porque te han operado de algo, o estás enfermo y se prevé que estarás de baja más de quince días, tus alumnos no tienen profesor durante las dos primeras semanas de tu baja. Con suerte. Con esto la administración se ahorra muchísimo dinero porque hay muchas bajas de este tipo.




No sé cuál es la práctica en los colegios de primaria, pero en secundaria, si te pones malo de hoy para mañana no hay nada que preparar. No lo has previsto y, por tanto, está claro que no puedes hacer nada al respecto. Pero si sabes que vas a faltar, por el motivo que sea, tienes la obligación (no sé si real o simplemente moral) de dejar trabajo para tus alumnos.

Lo de dejar trabajo viene muy bien para que el profesor de guardia no tenga solamente que aguantar a las fieras, sino que no pierdan la hora de clase y hagan algo provechoso.




Pero no nos engañemos. Muchas veces los profesores dejamos simplemente una fotocopia de ejercicios relacionados con lo que estamos trabajando que luego pasa por nuestras manos sin pena ni gloria y ya está.

Otra práctica bastante habitual en mi centro es, si prevés que vas a faltar un día, poner un examen ese día. Me parece bastante adecuada así, en general, porque los alumnos no pierden clase y el examen ibas a hacerlo de todas formas. Pero ya me ha tocado cuidar un examen de física y química en el que mis alumnos tenían dudas y yo ni idea de resolverlas.

No es complicado mandar trabajo para tus alumnos si vas a faltar uno o dos días, pero si son más, y tienes muchas horas con cada grupo, como es mi caso, las cosa se pone difícil. Especialmente si lo que quieres es que no pierdan el tiempo.




Resulta que yo ya estoy de vacaciones. Y cuando escribo o pienso en vacaciones me da la risa, porque una serie de circunstancias familiares hace que se me encadenen dos intervenciones quirúrgicas (leves) de familiares y que falte a clase desde ayer hasta el día que damos las vacaciones, el 22, incluidos.

Pues bien, lo que más difícil me ha resultado es preparar trabajo para mis chicos. Trabajo real, no una simple fotocopia. He preparado actividades individuales y en grupo, algunas con ordenadores, y también el repaso que siempre hacemos a la evaluación, al trimestre. Y ha resultado complicado porque con mis alumnos tengo ocho horas a la semana, lo cual implica dos horas casi todos los días. Y hay que ir cambiando de actividad para que no se me tiren de los pelos y se produzca un suicidio colectivo.




En fin, que me he pasado todo el puente, y el lunes toda la tarde y parte de la noche terminando actividades que luego mis compañeros de guardia (algunos) olvidarán entregarles, o no tendrán ganas de hacer con ellos, o que ellos pensarán que son un rollo y no pondrán en ellas el trabajo y el entusiasmo que deberían, o al menos lo que harían si yo estuviera para empujarles. Lo único bueno es que pienso que ya les tengo acostumbrados a trabajar a su ritmo y solos, especialmente con trabajo proyectado y ordenador, o en grupo, y ayer, por ejemplo, ya me enviaron los archivos compartidos del primer proyecto que están haciendo y no pinta mal.

Conclusión: que no me gusta nada esto de no poder vigilar lo que hacen mis alumnos.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

He visto 40. Alias Grace

Animada por el éxito de El cuento de la criada, he visto Alias Grace.



Se trata de una serie de una única temporada basada en una novela de Margaret Atwood. La trama parte de una joven condenada a muerte y luego a cadena perpetua por un crimen del que al inicio nada sabemos.




A través de las sesiones con un médico psiquiatra, la joven Grace nos va contando cómo ha sido su vida y, finalmente, cómo sucedieron los hechos por los que está recluida. Lo interesante es el juego que es establece entre la narradora, la voz de la propia Grace, y el espectador, que conoce los hechos solo por lo que ella nos cuenta, pero no sabe si dice la verdad o está mintiendo. Y si mintiera, tampoco sabemos hasta qué punto ella sabe la verdad o no de lo ocurrido o hasta qué punto es o no culpable.




Creo que el libro puede ser mucho más interesante que la serie, y estoy segura de que me habría gustado mucho más. Y no es que me haya disgustado, pero me ha dejado un poco fría. Aunque, de momento, descarto leer este libro porque tengo muchas lecturas acumuladas y esta no me apetece ahora mismo. Pero nunca se sabe.



martes, 12 de diciembre de 2017

Lista de deseos lectores para los Reyes Magos

Es, quizá, un poco pronto para hacer mi carta a los Reyes, pero creo que todo nos va mejor con tiempo, así que voy a empezar a pensar en los libros que me gustaría recibir estas Navidades.




Empecemos por libros ilustrados y novelas gráficas.

Los números 4 y 5 ( o los que vengan) de la novela gráfica Saga.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Por supuesto el libro ilustrado. Nos han encantado los dos primeros, y mi hijo ahora mismo está releyendo el segundo en espera del tercero.

Rosalie Blum. No he leído nada de nada de esta serie, pero he visto muy buenas críticas y han sacado una edición integral de toda su obra. Y me parece una buena ocasión.

I kill giants. Una recomendación de Javier Ruescas, que me apetece un montón y que no me importaría tampoco que me lo regalaran los Reyes Magos.






Sigamos con novelas.

La última de Hannah Kent, la autora de Ritos funerarios. Se titula Los buenos y creo que si me gusta la mitad que la anterior, ya será mucho.

Hace mucho tiempo que tengo ganas de leer algo más de Patrick Ness, así que con cualquiera me vale.

También quiero, antes de que estrenen la película, leer Una arruga en el tiempo. Un libro del que no sabía nada hasta hace poco y que quiero leer enseguida.

Además, le tengo muchas ganas a algunos títulos como El club de los mentirosos, Mar del mañana, Canción de la llanura, o Subsuelo. En realidad, uno de estos cuatro estoy ya leyéndolo para un libro viajero, pero no diré cuál, claro.





No sé, ¿Qué os parece mi lista? ¿Algo que sea imprescindible que añada o elimine?

lunes, 11 de diciembre de 2017

Las tres caras de la luna

Un libro que no sé de dónde salió, pero que estoy segura de haber visto recomendado, porque no conocía a la autora ni había leído nada de ella.



Título: Las tres caras de la luna
Autora: Sally Gardner
Editorial: Nube de tinta

Al comienzo de la historia, solo entiendes que el protagonista, Standish, es un niño con problemas, tantos que ni siquiera lee ni escribe correctamente. No es que sea poco inteligente, todo lo contrario, sino que tiene una inteligencia muy especial, que hace que ninguno a su alrededor pueda apreciarla. Pero la escuela en la que estudia y el mundo en el que vive te sorprende por diferente al nuestro. Resulta que se trata de una sociedad (no se sabe si del futuro o de cómo ni cuándo) en la que las libertades están muy restringidas y cualquier disidente al sistema establecido desaparece en poco tiempo sin dejar rastro.

Mediante capítulos muy breves, Standish, un poco sin orden ni concierto, nos va contando su historia, que es también la de los que le rodean. Una historia que va llenando de comprensión ( una terrible comprensión ) al lector a medida que avanza la lectura y que hará que su protagonista se convierta en un personaje inolvidable.

No es para todos los públicos y creo que a más de uno puede horrorizarle más que gustarle, pero a mí me ha encantado. Una lectura interesante y diferente.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Esta semana 46

Esta semana ha estado marcada por el puente, un puente que precede a los cinco exámenes que tiene uno de mis hijos y los siete que tiene el otro, así, en los próximos días. Jugándose en muchos casos el trimestre. Creo que muchos profesores no aprendemos, o no queremos aprender, y seguimos contando por encima de todo un examen, o dos, y pensando que con eso nuestros alumnos aprenden o se motivan o sienten curiosidad por las cosas. No sé. A veces me desanimo mucho.




Esta semana nos la hemos pasado estudiando, así, sin más. Apenas nos hemos movido de casa, horas y horas de estudio y de práctica (porque el conservatorio también gusta de exámenes finales, justo al final, con tribunal, para que no se pongan nerviosos). También he aprovechado a corregir trabajos que tenía por ahí ya hechos pero sin mirar y a preparar las actividades de estas dos últimas semanas, que en ningún caso incluyen un examen final (ni final ni de ningún otro tipo).




Esta semana teníamos también muchas cosas que preparar y hacer. Mi hijo mayor se va con sus profesores de clásicas a Roma a principios de año y teníamos que hacer pagos y llevar justificantes. El pequeño también tenía un montón de historias pendientes para final de curso, así que hemos estado de papeleos y pendientes de mil cosas a la vez, tanto que nos olvidamos de una clase que tenía pendiente para el jueves por la tarde. Es que en esta casa somos muy despistados.

Esta semana también ha tocado poner el árbol y la decoración de Navidad. Cuatro cositas, pero encantados de cambiar el ambiente por uno más festivo.




Esta semana no puedo decir que haya sido tranquila, pero no ha estado mal (y esto lo digo con el espíritu de la que sabe que tiene que buscar cada día el lado bueno de las cosas). Una de las cosas que más me ayuda a levantarme con ánimos cada día es mi calendario kiwi del que ya os hablé la semana pasada. Mi amiga invisible me está regalando cosas chulísimas. Todo acertadísimo. Es lo que tiene conocerse tan bien.


viernes, 8 de diciembre de 2017

Cerrando etapas

La vida son etapas, eso está claro. (Sí, menudo pensamiento original ¿eh?) Y cuando sientes que cierras una etapa, a veces da mucha pena, otras veces es un alivio, a veces es bueno, otras no tanto, pero siempre, siempre, me produce una mezcla de vértigo y nostalgia.




Ocurrió cuando mi hijo mayor durmió la primera noche de un tirón. Fue con más de tres años y medio. Fue un alivio pensar que iba a volver a dormir después de tanto tiempo, pero también era una pena, porque ya no tenía un bebé en casa, sino un niño.

Pasó también cuando los dos crecieron y, después de intentar varias veces tener un tercer hijo, nos rendimos y regalamos todas las cosas de bebé. Cuando salieron de casa rumbo a Cáritas, algo se me rompió por dentro. Otra etapa cerrada. De las que duelen.

Así ocurre con muchas cosas, no solo con los hijos. No me supuso ninguna pena, después de once años de estudio, deshacerme de todos mis apuntes cuando por fin aprobé las oposiciones. Pero sabía que entraba en otro momento, un momento de mayor madurez, que dejaba atrás mi juventud de estudio. Y eso, también, hay que reconocer que da pena.

Me pasó lo mismo al cumplir los cuarenta. No es que fuera un trauma, ni mucho menos. Me encanta cumplir años y seguir aquí, dando guerra. Pero para mí también fue un punto de inflexión, algo que hizo que me replanteara muchas cosas, que se cerrara una etapa y empezara otra.




Luego llega un día en que ves que tus padres ya son mayores. No diré ancianos, porque yo aún no les veo ancianos, pero sí mayores, y necesitan más de ti que tú de ellos. Eso llena tu mente de recuerdos de otros tiempos, de las vacaciones todos juntos, de mi madre siempre ocupada haciendo miles de cosas a la vez, de un montón de cosas que se agolpan en mi mente cada vez que pienso que me necesitan.




Y en estos días siento que se ha cerrado otra etapa: una que he disfrutado mucho, afortunadamente, y que me ha llenado de miles de cosas, de anécdotas y de historias. Hace unos días murió el último de los hermanos de mi abuela paterna. Tenía 95 años y ahora ya estaba muy malito. Ha sido una mezcla de la pena propia del momento con el alivio de ver que una persona a la que quieres va a dejar de sufrir. Y también ha sido el momento en que me he dado cuenta de que no queda nadie de esa generación para dejar constancia de una época. Afortunadamente, siempre me ha encantado escuchar lo que quisieran contarme, todos mis abuelos y sus hermanos, que han sido muchos. Como os digo, los he disfrutado porque siempre he buscado su compañía. Y mi hijo mayor también. Me alegro de que no hace mucho pasáramos la tarde sentados al sol con mi tío a la puerta de su casa, en una de nuestras visitas al pueblo. Y de que mi chico escuche tanto como yo lo he hecho siempre.




Dicen que uno no muere mientras lo recuerden, así que mis tíos tienen para rato, porque siempre voy a acordarme de ellos, y espero que mis hijos también.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La sal de la vida, de Ana Gavalda

Hace ya unos años leí otro libro de esta autora que me impactó y me gustó mucho. Pero ha sido hace unas pocas semanas que volví a encontrármela y decidí leer La sal de la vida.



Título: La sal de la vida
Autora: Ana Gavalda
Editorial: Seix Barral


En este libro, los protagonistas son cuatro hermanos ya adultos con todo lo que les rodea, que asisten a la boda de un familiar. Los cuatro tienen personalidades peculiares y una relación muy bonita.

No es ya tanto en argumento, que es muy simple, sino cómo se cuentan las cosas y lo identificada que esta escritora hace que te sientas con los personajes. Y cómo una historia muy sencilla y muy corta puede llegarte dentro.

Me ha encantado y me ha dejado con ganas de más, de mucho más.

¿Alguna recomendación?

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El puentazo

Tener un puente así a estas alturas es, no me canso de decirlo, contraproducente para cualquier alumno.



Entiendo que pueda estar bien para hacer una escapada, para ir de compras... no sé. Pero alucino con los que hacen planes que incluyen a sus hijos ya adolescentes (no es una crítica, no creáis, es que alucino de envidia), porque nosotros nos fuimos algún año cuando eran pequeños, pero hace mucho que no podemos planear nada para estas fechas.



No me quejo, porque de nada va a servir, pero están los chavales a tope de exámenes y a veces este puente lo único que hace es fastidiarles la evaluación. Si para muchos ya cuesta estudiar un fin de semana normal, ahora dales cinco días, la proximidad de la Navidad y un montón de exámenes para la semana que viene.



No, no me convence, y con mis hijos me esperan unos días de mucho estudio, sobre todo con el pequeño, que tiene además las pruebas del conservatorio también esa semana, ya sabéis, para no amontonarnos con todo. Bufff.



El caso es que estamos de puente, y vamos a aprovechar a corregir trabajos y cositas que tengo por ahí a medias, a preparar el final del trimestre, a estudiar con mi peque, ah, y a ver una especie de encuentro de manga que hay estos días en mi ciudad, al que vienen algunos alumnos y ex-alumnos. No tengo planes más allá de esas cosas. Ah, y descansar, porque necesitaré fuerzas desde aquí hasta el día 22.


martes, 5 de diciembre de 2017

El cuaderno rojo, de Paul Auster

Tenía un poco abandonado al bueno de Paul, y eso que me quedan bastantes de sus libros por leer.

Creo que ya lo he dicho por aquí, Auster es un autor que tengo que tomar en pequeñas dosis, porque me cansa. Me encanta cómo escribe y me parece que es un magnífico escritor pero muchas veces los temas y las tramas que elige para sus novelas no me gustan tanto.



Título: El cuaderno rojo
Autor: Paul Auster.
Editorial: Anagrama.

El cuaderno rojo es un libro muy corto, tanto que creo que no puede considerarse una novela. Recoge las casualidades que han marcado la vida de su escritor a lo largo de los años. Y que son muchas. Algunas ya las conocía, como la que da pie a la novela Ciudad de Cristal: dos noches seguidas, una persona desconocida llama al teléfono del escritor preguntando por una agencia de detectives. Tras la segunda llamada, Auster pensó en hacerse pasar por investigador para ver adónde le llevaba la historia, pero la persona no volvió a llamar.

En menos de cien páginas, Auster nos desgrana algunas de las casualidades de su vida, algunas anécdotas que no sabemos al final muy bien si son la absoluta verdad o tienen una parte de ficción o de exageración propia del novelista.

Me ha gustado mucho, lo he disfrutado y creo que se ha convertido, junto con Diario de invierno, en mi libro favorito de Auster.

lunes, 4 de diciembre de 2017

He visto. Wonder

El sábado mi pequeño y yo nos fuimos a ver esta película.

Llevábamos semanas deseando que llegara el momento, porque en casa conocemos el libro desde hace un par de años, hemos visto los anuncios y teníamos muchas ganas de ver la película.




Título: Wonder
Director: Stephen Chbosky

Debo decir que me parecía que iba a ser buena, primero por el argumento de la novela, que es estupendo, y después por el director, que ya dirigió hace unos años Las ventajas de ser un marginado, película que me gustó mucho y que he vuelto a ver alguna vez.

Y no me ha defraudado. La película está muy conseguida, porque los actores me encantan todos, especialmente el actor que interpreta el papel de August y la actriz que hace de su hermana Olivia. Además, todos los demás están muy bien, y la historia es tan tierna y conmovedora como el libro, aunque si tengo que elegir, me quedo con la novela.

Por si alguien a estas alturas no sabe de lo que hablo, aquí tengo la reseña que en su momento escribí sobre el libro. La acabo de releer y en su momento me emocionó tanto como lo hace al releerlo, después del tiempo, ya varias veces con mis alumnos.

Por cierto, esta es la película que hemos elegido para ver con los alumnos el último día del trimestre, en el que la actividad es llevar a tooooodo el instituto al cine. Y, aunque os parezca mentira, para algunos de nuestros alumnos es la única vez en todo el año en que van al cine, así que es todo un acontecimiento. Nos hacen una sesión de mañana, con todo el lío de las palomitas y demás, y para algunos de ellos es algo que esperan durante todo el primer trimestre.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Esta semana 45

Esta semana sigo de bajón. Diversos problemas no me dejan subir el ánimo y me debato entre mis ganas de quedarme en la cama cada mañana y la obligación de ir a trabajar lo poquito que queda de trimestre. El mes de diciembre amenaza con pasarme por encima, pero tengo que buscar las ventajas. Y las encontraré.



Esta semana hemos dicho adiós a noviembre, un mes que no ha sido nada, pero nada, bueno. Y, aunque estoy deseando decirle adiós también a diciembre, me he propuesto aprovechar todo lo bueno que pueda de este mes que acaba de empezar.

Esta semana ha tenido, por supuesto, sus cosas buenas. Algunos temas se han aclarado y, sobre todo, ha empezado el mes y con él mi calendario kiwi. Un intercambio que hemos hecho entre un grupo de chicas a las que se nos va bastante la pinza y hemos decidido hacernos 24 regalillos, un calendario de adviento en toda regla. Eso hace que cada día me levante con la ilusión de abrir mi siguiente número del calendario. Es genial tener a estas chicas, que hacen que la vida sea más divertida, algo que siempre es necesario.



Esta semana he tenido bastante trabajo, sobre todo preparado ya el final del curso, porque queda nada y menos para las vacaciones de Navidad y hay miles de papeles, notas medias, estándares y demás historias que preparar antes del día 22.

Esta semana, aparte del calendario kiwi, hemos organizado dos amigos invisibles y un nuevo libro viajero. Estamos que no paramos. A veces me decís que no sabéis cómo tengo tiempo. El libro viajero no requiere tiempo. Yo leo a diario, se trata de priorizar y leer el libro que te llega antes que ningún otro, nada más. Y lo de los amigos invisibles (en realidad amigas invisibles) es algo que apetece cuando llevas un año, o más, compartiendo cosas con un grupo de chicas. Ya tengo medio pensados mis dos regalos, así que tampoco será para tanto. Además, en diciembre, ¿quién no sale de compras alguna vez? Será simplemente cuestión de meter un regalo más en la cesta.




Esta semana, en fin, he intentado buscarle el lado positivo a las cosas, y me ha costado mucho, pero en algunos momentos lo he conseguido, y eso ya es suficiente. No pienso castigarme por no estar de humor, pero sí voy a intentar que esos momentos no duren mucho.







viernes, 1 de diciembre de 2017

Los jóvenes y las redes sociales

Os aviso que estoy bastante enganchada a las redes sociales, que soy de esas personas que si sale de casa sin su móvil se da la vuelta a por él, que necesita estar conectada y que no puede vivir sin datos o sin wifi. Lo confieso, así que todo lo que diga aquí parte de eso, de que para mí las redes forman parte de mi día a día.

A veces oigo a mi alrededor críticas feroces a las redes sociales, especialmente en lo que se refiere a su uso por parte de los jóvenes, con todo tipo de chistes y comentarios de lo que se pierden por tener la cabeza metida siempre en las redes.

Creo que todo esto es muy relativo. No me gusta cuando veo un grupo de chavales, o adultos, no nos olvidemos de nosotros mismos, pasando el día juntos, tomando un café y no mirándose a los ojos ni diciendo nada durante horas.



No me gusta la gente, como decía Remorada hace un tiempo, que va al cine o al teatro y no puede dejar el teléfono en toda la película. Cada vez es más habitual ver a alguien en el cine contestando a sus mensajes, porque no podemos concentrarnos en nada durante demasiado tiempo, ni siquiera en la película que hemos pagado por ver.

No me gusta que no se disfrute de un acto o de un concierto porque se está grabando. No digo que no grabe cosas cuando voy a ver algo que me gusta, pero hace mucho tiempo que prefiero disfrutarlo en el momento que dejarlo para la posteridad porque, seamos sinceros, esos vídeos luego nunca los vemos.

Creo que, como en todas las cosas, puede haber un uso adecuado e inadecuado, y también abuso.

Pero creo que las redes, un buen uso de las redes, no es nada perjudicial para nadie, sino que tiene muchas ventajas de las que podemos aprovecharnos.

Os cuento algunos ejemplos.

Hace tiempo os hablé de una alumna con problemas graves de autolesiones, de los que me enteré a través de las redes y pude ayudarla, o hacer que sus padres lo hicieran, gracias a ello.

El curso pasado tuve también un caso parecido e informé como pude e hice lo que pude, que esta vez fue poco, gracias también a las redes.



Tuve, a finales del curso pasado, una reunión con los padres de mis alumnos para preparar el viaje e informarles y les expliqué que iba a dar cuenta de todo lo que hiciéramos a través de mi instagram. Les indiqué cómo tenían que buscarme si querían ver las fotos y les insté a crearse una cuenta para así tenerlo en el móvil más fácilmente.

Mientras hablaba y escribía en la pizarra, los alumnos iban poniendo los ojos como platos y me hacían gestos de que parara: ¿Sus padres en su red social favorita?



Pues sí, ya lo he dicho por aquí muchas veces. Si los padres estuviéramos presentes en las redes de nuestros hijos, muchos problemas que se crean en las redes no existirían. Pero también digo que la mayoría de los padres no hizo ni caso de lo que les dije, que apenas se manejan en Facebook, y algunos ni eso, y que les resulta complicado y trabajoso, no solo hacerse una cuenta en una red social, sino ponerse a mirarla, aunque supieran que iba a llevar un diario de todo lo que hicimos.

En fin, que creo que las redes sociales son una herramienta importante para muchas cosas, que no son imprescindibles, pero que, sobre todo si tenemos hijos adolescentes, nos perdemos muchas cosas si no estamos al tanto de lo que se mueve por ellas.



jueves, 30 de noviembre de 2017

Saga

Oí hablar de Saga en Goodreads o en Youtube. El caso es que no lo sé, pero me resultó tan interesante que, a pesar de que el género no se corresponde para nada conmigo, empecé a leerlo.




Título: Saga 1
Autores: Brian K. Vaughan y Fiona Staples
Editorial: Planeta. Independientes USA

Compré el primer tomo, que en realidad es recopilación de los seis primeros cómics, y me sorprendió y me atrapó tanto que decidí continuar con la serie.

De momento en castellano hay publicados 7 volúmenes, de los cuales he leído los tres primeros.

He visto por ahí a esta serie descrita como "Star Wars conoce a El señor de los anillos". No sé si estoy muy de acuerdo, pero por ahí van los tiros en cierta media, aunque no del todo.




Título: Saga 2
Autores: Brian K. Vaughan y Fiona Staples
Editorial:Planeta. Independientes USA


Los protagonistas son Alana y Marko, dos jóvenes pertenecientes a distintos planetas y razas enemigas, que se enamoran y tienen una hija. Alana tiene alas y Marko tiene cuernos, así que su hija tendrá ambos atributos, algo difícil de esconder en ningún contexto. Su nacimiento es visto como un acto de rebelión por los dirigentes de ambos planetas que deciden perseguirlos y matarlos.

Así que la historia será el intento de ambos personajes, con ayuda de otros, de buscar un lugar donde vivir de manera pacífica y donde poder criar a su hija, que por cierto, en un alarde de originalidad, es la narradora de la historia, a pesar de que la conozcamos aún en la barriga de su madre.


Título: Saga 3
Autores: Brian K. Vaughan y Fiona Staples
Editorial: Planeta. Independientes USA

Visto así no me llamaría nada la atención, pero se explora el tema de la diferencia, del miedo a lo que no es como nosotros, y otros muchos como la moral, o la prensa sensacionalista, la violencia y el pacifismo, el feminismo... Los personajes no son clichés, sino que actúan movidos por una multitud de cosas. No son simples ni perpetúan estereotipos.

Se trata, también, de un cómic irreverente y extraño; diferente a todo lo que yo haya leído, en el que mezcla temas y personajes de lo más variopintos, lleno constantemente de guiños a la sociedad actual, donde podemos ver reflejados nuestros miedos y nuestras virtudes.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

En estos días quiero...

Aunque no tengo mucho tiempo últimamente, en estos días me apetece...


Un libro al que tengo muchas ganas.

El último de Paul Auster. Aún no lo tengo, y tardaré en comprarlo, porque tengo tantos libros sin leer... aunque, pensándolo bien, probablemente se lo pida a los Reyes.




Una película.

De la que más ganas tengo es de Wonder, pero de este película ya os hablé hace un tiempo, así que os diré que desde que se estrenó, me apetece ver El secreto de Marrowbone, pero aún no he encontrado el momento.






Una serie.




Alias Grace. Una serie que me han dicho que no es para tanto, pero que me apetece bastante después de lo mucho que me gustó El cuento de la criada.


Un lugar.

Tengo muchas ganas de ir a Madrid, y aunque mi próximo viaje será allí, no será un viaje turístico ni de ocio. Tengo ganas de ir con mi chico o con toda la familia, pasar un par de días probando restaurantes, yendo al teatro o viendo librerías. Y también tengo ganas de ir sola y de visitar a algunas chicas que yo me sé.


martes, 28 de noviembre de 2017

La probabilidad estadística del amor a primera vista

Este libro lo vi en uno de los vídeos de Javier Ruescas. Hablaba de libros que se han convertido en películas que se estrenarán en breve.



Título: La probabilidad estadística del amor a primera vista
Autora: Jennifer E. Smith
Editorial: Suma de Letras

En este caso, el libro se ha convertido en una película, o está haciéndolo. Y será de esas películas que me apetezca ver.

La trama no resulta especialmente original ni novedosa. Una chica pierde el avión que la llevaba a Londres y tiene que tomar el siguiente. Esa casualidad hará que en el aeropuerto conozca a un chico que la acompañará durante el viaje. En ese largo viaje que ambos van a compartir, los protagonistas  intercambiarán pensamientos y sentimientos acerca de sus vidas, algo que al llegar al final del trayecto, les habrá cambiado para siempre.

El caso es que con ese argumento no parece, ya os digo, nada del otro mundo, y sin embargo es una bonita historia y está bien contada. Es entretenida y engancha.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Esta semana 44

Estos días os he tenido un poco abandonados. Pero a veces, ya sabéis, no se puede llegar a todo, y he tenido mucho trabajo, que se me ha juntado con los preparativos de un pequeño viaje, con lo que no me ha sido posible publicar en unos días.

Por eso el resumen semanal viene hoy lunes, en vez de el día habitual, el domingo.

Esta semana en el trabajo ha estado marcada por un viaje que organizábamos con nuestros chicos las profesoras de Formación básica y yo. Cuando estábamos esperando que nos recogiera el autobús, miraba a los chicos que nos llevábamos de excursión, con el director al lado y de pronto nos miramos, y los dos pensábamos lo mismo. Muchos profesores no se atreverían a salir a ningún sitio con ese escogido grupo de alumnos. Quiero decir, para que me entendáis, que mis alumnos son alumnos con problemas, de todo tipo, que tienen la oportunidad de obtener el título por otros medios, mediante adaptaciones. Y los de la Formación profesional básica son alumnos que en muchos casos también estarían fuera del sistema educativo si no se les diera esa oportunidad, muchos de ellos con graves conflictos personales, familiares, ...




Allá nos fuimos las tres inocentes dispuestas a disfrutar del día. Fue complicado, porque son alumnos a los que les interesan pocas cosas. Pero salió bien, y siempre hay que quedarse con lo bueno. No perdimos a ninguno por el camino ni nos tuvieron que llamar la atención por nada, pero fue un día duro de estar pendientes de mil cosas a la vez.

Esta semana, sobre todo, ha estado marcada a fuego en el calendario por la quedada de amigas que llevamos meses planeando (justo desde la última vez que nos vimos todas, en junio) y que por fin llegó.



Ha sido, como siempre que nos vemos, una maravilla. Esta vez vengo de Barcelona con una idea: es difícil encontrar personas como ellas, tan diferentes (porque mira que somos distintas) y tan generosas, tan amigas, tan divertidas, tan buena gente. Ha sido un fin de semana perfecto, y extremadamente corto. Creo que todas habríamos necesitado unos cuantos días más para darlo todo, salir a muerte por Barcelona, bailar hasta el amanecer, ... en fin, esas cosas que hacemos.



Y finalmente a mi llegada a casa me esperaban varias sorpresas. Os contaré solo algunas, para que os hagáis a la idea.

La cas estaba (sorpresa) recogida.

Mi hijo pequeño, mientras estudiaba, había pintado de rotulador fosforescente rosa la frente de mi gata blanca.

Mi hijo pequeño  estaba esperando a su madre para hacer un trabajo de ríos que llevábamos toda la semana haciendo pero que su profesor le había devuelto el viernes porque le faltaba Portugal y tenía que repetirlo.

Mi hijo mayor, que llevaba todo el fin de semana en casa estudiando, estaba también esperando que llegara su madre para que le ayudara a terminar su trabajo y se lo corrigiera; un trabajo con fecha de entrega de ayer a las doce de la noche y que entregamos a menos cinco, in extremis, extenuados, después de cinco horas de ordenador.

A nadie en esta casa desde el miércoles que estoy desaparecida se le había ocurrido poner una lavadora. No sé qué se pondrán hoy. Ojalá tengan que salir desnudos los tres.


jueves, 23 de noviembre de 2017

Todos deberíamos ser feministas

Aparte de una afirmación rigurosamente cierta, se trata del título de una obra de Chimamanda Ngozi Adichie.


Título: Todos deberíamos ser feministas
Autora: Chimamanda Ngozi Adichie.
Editorial: Random House Mondadori.

Hace un tiempo leí algún comentario sobre Americanah, una de las novelas más conocidas de esta autora, pero no supe más hasta hace unos meses, cuando vi sus libros sobre el feminismo y me dispuse a leerlos.

El primero lo compré en Madrid en la feria del libro, y el segundo este verano en una librería de mi ciudad. Los dos me parecen imprescindibles para entender muchas cosas sobre nuestra sociedad y sobre el feminismo.


Título: Cómo educar en el feminismo.
Autora: Chimamanda Ngozi Adichie.
Editorial: Random House Mondadori.

Y por eso me he dispuesto a leerlos con algunos de mis alumnos, de cara a la reflexión que en mi centro se hace con todos los grupos cada año, en fechas cercanas al Día contra la violencia, el 25 de noviembre.

Hemos estado leyendo, subrayando, reflexionando sobre lo que se dice en el libro, y después hemos sacado frases e ideas para, con ellas, hacer carteles para exponer de cara a ese día.

Ha sido un trabajo bonito (entendiendo por bonito mucha participación, mucho ruido en clase, muchas frases y expresiones fuera de tono, discusiones, gritos, entendimiento de la importancia del tema y ruptura de algunos prejuicios), porque mis alumnos no están acostumbrados a pensar sobre ciertos temas, porque están inmersos en un lugar y en una sociedad muy tradicional y, por tanto, muy machista. Porque todos damos por supuestas muchas cosas que tenemos que cambiar, y reflexionar sobre ellas, planteárselas, ya es un paso importante.

Y también ha estado muy bien porque, a pesar de que a todos nos queda mucho por hacer en este terreno, creo que mis chicos están mejor de lo que esperaba. A lo mejor es que esperaba poco de ellos, pero me han sorprendido gratamente, así en general, en actitudes y valores que pensaba que no tendrían y sí tienen.

Y, por último, me ha sorprendido e inquietado ver a los chicos confusos porque no saben muy bien qué papel les corresponde hoy por hoy en la sociedad. Tienen claro que el machismo ha caducado, tienen claro que somos iguales en derechos y que está bien que reivindiquemos igualdad hasta que sea plena, pero también piensan que ellos lo tienen difícil a la hora de comportarse, de ligar, de establecer relaciones con las chicas, porque muchas de las cosas que hacen se pueden considerar machistas, o pueden considerarse poco educadas o caballerosas. Entraron en un tema difícil, el de definir lo que ahora llaman "nuevas masculinidades", esas que no se corresponden con el machote, con el chulito...

En fin, que estoy contenta porque el mundo avanza, pese a nosotros.


miércoles, 22 de noviembre de 2017

Calendarios de adviento

Sabéis, porque lo he contado por aquí más veces, que me encanta la tradición de los calendarios de adviento.  Y el que siempre me ha gustado es este del palo. Jajaja. Es que da para lo que quieras.



Durante años, he comprado algunos de Lego, y siempre ha habido en casa de esos de chocolatinas para los niños.  Y últimamente, como mis hijos han crecido y pasan de todo, les he regalado calendarios a mis sobrinos, de plastilinas para uno y playmobil para otro.

Lo que nunca he hecho es comprarme uno para mí, como los de belleza de los que hablaba el otro día Anita. No sé por qué, nunca me han llamado la atención, pero se pone a hablar Anita de ellos y los quiero todos. Así de constante y congruente soy con las cosas.



No pensaba  hablar de esto de los calendarios pero ayer mi hijo me robó el móvil para ir a la EOI y yo me puse con el iPad y entre en el Facebook, una práctica que he abandonado porque no me gusta nada. Pues a lo que iba, vi un anuncio de un calendario de adviento de cervezas. 24 cervezas artesanas de todo el mundo. Creo que se nos ha ido la olla.

He visto más calendarios frikis. Aunque no me acuerdo dónde y no me apetece buscarlos ahora.



Ahora lo que se lleva, porque eso de dar chocolate a los niños es poco menos que envenenarlos y te pueden denunciar por mala madre, es regalar a tus hijos 24 experiencias. Salir a ver las estrellas, una tarde de peli con papá... cosas así.



Me parece bien, no digo que no, pero yo pienso mucho estas cosas en relación con mis hijos. Ahora no les interesa el tema "calendario" ni una pizca, pero de más pequeños les gustaba ver qué juguete les tocaba, y no creo que les hubiera hecho mucha gracia que les apareciera un papel diciendo "haz un dibujo de un árbol y regálaselo a la abuela".

En este tema, me parece el colmo de la preciosez y de esta tendencia tan cool el calendario que compartió hace unos días en IG Bea de Con botas de agua. No deja de ser bastante naif, pero me parece buena idea.



El caso es que este año no les he comprado calendario a mis hijos, ni siquiera de chocolatinas, que la última fue en plan: hoy me como cinco, mañana tres, y se me olvida el resto de la semana.

Pero estos días no puedo dejar de pensar en calendarios de adviento. Eso es así.

martes, 21 de noviembre de 2017

He visto 39. Mindhunter

Se trata de la última serie que he visto en Netflix.



Mindhunter habla de los inicios de la investigación de los asesinos en serie y sus motivos para empezar a matar. Un par de investigadores del FBI se dedican a entrevistar a los más conocidos asesinos en serie que se encuentran en las cárceles estadounidenses para intentan encontrar un patrón que les permita encontrar el germen de su maldad antes de que lleguen a cometer los asesinatos, o al menos en una fase temprana.


La serie prometía, por la estética, de los años setenta, y por la dirección; David Fincher acostumbra a rodar películas y series sobrias, y esperaba bastante porque me gustaron mucho las primeras temporadas de House of cards. Pero a la serie le falta algo: quizá el carisma de los protagonistas. El caso es que la he terminado porque eran pocos episodios, pero no creo que me decida a ver la segunda temporada, que amenazan con rodar en breve.