martes, 21 de octubre de 2014

Amigos

A lo largo de la vida, hay momentos en que nos olvidamos de lo importantes que son los amigos.


Nos olvidamos de ellos cuando tenemos pareja, ESA pareja, ésa que nos parece perfecta y con la que vamos a pasar toda nuestra vida. Entonces descuidamos las amistades, las hacemos esporádicas, las cambiamos por las de la pareja...



Y cuando tenemos hijos. Mirad, cuando tenemos hijos, en los primeros meses si somos un poco listos y en unos cuantos años si no lo somos tanto, todo nuestro mundo son ellos, sus necesidades y sus despertares a la vida, pero también sus caquitas, sus mocos... Si te descubres más de una vez hablando de cacas con mujeres a las que apenas conoces, vete a dar una vuelta con tus amigos, y diles que no te dejen mencionar a tu hijo ni una sola vez en toda la tarde.



Y luego, la rutina se instala en tu vida, y empiezas a pasar los fines de semana en familia o en pareja, a trabajar mucho, a llevar a  los niños a la piscina o al fútbol y no tienes tiempo para los amigos.



Pero los amigos son importantes, nos recuerdan que somos personas, aparte de esposas o esposos, padres o madres, hermanos o hijos. Nos recuerdan lo que nos gusta y lo que no, de qué nos reímos y cuándo nos ponemos serios.

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Este finde tuve una comida con amigos. Una comida en la que disfrutamos, nos reímos, nos emocionamos y recordamos lo importante que es tener a alguien que te conozca bien y, a pesar de ello, te quiera.

lunes, 20 de octubre de 2014

Leyendo en clase

Ya os he contado alguna vez que leo en clase con mis alumnos. Pero no leemos fragmentos, como suele ser habitual, ni leemos un día de vez en cuando. Leemos un día a la semana durante todo el curso. Y leemos en clase libros completos.

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Y os contaré, después de más de diez años haciéndolo, algunas de mis impresiones generales de la lectura en clase.

En positivo.

Si el libro les gusta, son los momentos en los que más conectamos todos. No sé cómo explicarlo, el libro está interesante, un alumno que entona bien lee en alto, los demás siguen la lectura en sus libros, y se produce un momento de esos tan escasos en que todos estamos imaginando la escena, metidos de lleno en ella, como cuando estás en el cine, tan metido en la película que te sorprendes mirando alrededor y no sabiendo muy bien dónde estás.

Esos momentos ya hacen que todo merezca la pena.

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Por otro lado, hay alumnos que leen mal, y a lo largo del curso se nota bastante mejoría en ellos, en velocidad lectora, entonación, pero en lo que más es en comprensión de lo que leen.

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Mis alumnos acaban leyendo seis libros durante todo el curso, muchos de ellos reconocen que a lo mejor no han leído tantos en toda su vida. Leemos un libro en clase, al completo, y otro mucho más corto en casa, del cual tienen que hablar en clase a sus compañeros. Si les hiciera un examen de ello, sé que la mitad, o más, no lo leerían, pero al tener que exponer sobre ese libro, no les queda otra que traerlo leído (vale, algunos no lo leen ni por ésas), y muchas veces al final, después de decir y repetir que no les gusta leer, tienen que reconocer que les ha gustado.

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En negativo.

Se nota una enorme diferencia entre los alumnos que son lectores, aunque sea ocasionales, y los que no leen nunca. Esa diferencia se manifiesta después de los primeros veinte o veinticinco minutos. Los alumnos que no leen, después de ese tiempo, pierden la concentración, empiezan a dar vueltas al libro, a perderse, a no atender a lo que estamos leyendo, su mente divaga, porque no son capaces de estar tanto tiempo concentrados en la lectura.

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Los alumnos que leen mal son los que más dificultades crean en esta actividad, porque cuando les toca leer vamos muy despacio, perdemos el hilo del argumento, nos cuesta a todos no corregirlos... Pero también son, como he dicho arriba, los que más mejoran su ritmo de lectura, entonación, y comprensión a lo largo del curso.

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Otra dificultad la presentan los alumnos hipercorrectores. Me ponen mala. Los hay de dos tipos: los que van corrigiendo al que lee cuando se confunde en alguna cosa (algo que los días de lectura yo no hago nunca); y los que cada dos líneas preguntan qué significa una palabra. Suelo acabar con ellos el primer mes de lectura, aunque algunos perseveran. Ven una palabra que no entienden y levantan la mano, yo hago como que no los veo y dejo pasar un rato. A veces se dan cuenta de que han entendido más o menos lo que quería decir esa palabra y bajan la mano. Otros siguen en sus trece y después de un rato les dejo preguntar, les aclaro la duda sacando el diccionario del cajón de la mesa y dejándoselo encima de la mesa.

Los que han aprendido en el colegio a leer con el diccionario al lado me ponen nerviosa, nunca lo he hecho y no creo que por eso mi nivel de vocabulario sea menor. ¡El contexto, el contexto! Lo he dicho tantas veces que mis alumnos de otros años lo dicen al primer despistado que me pregunta por una palabra.

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Como todas las actividades de clase, tiene una parte buena y otra no tanto, y estoy segura de que se podría mejorar. Siempre se puede mejorar. Pero lo positivo gana por goleada, así que seguiremos leyendo en clase mientras nos dejen.

domingo, 19 de octubre de 2014

Abrigos

Los abrigos, después de años colgados en los armarios sin apenas uso, vuelven con fuerza este año.

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Y yo quiero uno.

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Aunque tengo varios.

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Me encantan los de cuadros, pero siempre pienso en que luego me cansaré de ellos mucho antes, y termino comprándome uno liso, negro, gris, ...

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Me gustan todos. Y estoy pensando que tengo que hacerme con uno ya.

A vosotros, ¿cuál os gusta más?