Anita en estos días me recordó mis tribulaciones con los libros de lectura que pido a mis chavales año tras año. Hablaba en este post de un libro que hemos leído en clase durante varios años, porque me da mucho juego y a mis alumnos les gusta, que al fin y al cabo es de lo que se trata, y me puse a recordar las veces que los padres se me han quejado de las lecturas obligatorias que les pido a los chicos.
Y eso que siempre he creído que me suelo entender bastante bien con los padres de mis alumnos.
Algunos ejemplos.
El otro barrio, de Elvira lindo.
Una madre vino a quejarse de que este libro no era adecuado para su hijo, porque decían palabrotas. Si alguien por ahí lo ha leído, sabrá que puede que digan un par de tacos en todo el libro, y que hablen del Parque de las Tetas, y poco más, pero la madre, que revisaba los libros que tenía que leer su hijo, no dejó que pasara la censura.
Cuento de Navidad. Charles Dickens.
Un alumno me dijo que no podía leerlo porque su religión no le permitía celebrar la Navidad.
- Pero si tenemos dos musulmanes en clase y no me ponen ninguna pega...
- Ya, pero está en contra de mi religión (sin comentarios, porque además es cierto).
Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero, de Martín Carariego Córdoba.
Un libro que llevo leyendo muuuuchos años, a una madre no le pareció adecuado para su hija porque hablaba de chicos que quince años que ¡fumaban! y todo, y también decía palabrotas.
El valle de los lobos, de Laura gallego.
Varios años leyéndolo, sin problemas, pero un día llegó una madre y me dijo que su hijo no podía leer eso, porque salían fantasmas, y según su religión, no creían en el más allá y en los fantasmas, así que no podía dejar que su hija leyera eso (sí la saga Crepúsculo, que la niña ya había leído, pero no esto).
El niño con el pijama de rayas. John Boyne.
Un chico de 16 añazos me dijo que no podía leerlo porque su madre le había dicho que era demasiado fuerte para él.
Y ahora, lo que creo que es aún peor, los casos de autocensura, escándalo y ¡¡¡OH DIOS MÍO!!!
Seda, de Baricco.
Este mismo curso, mis alumnos de 1º de bachillerato, esta vez no sus padres sino ellos, vienen y me dicen que hay sexo oral en el libro.
- Ay, dios mío, les contesté, ¿y os ha dolido mucho?
Se rieron nerviosos pero creían que me había confundido al mandarles un libro en el que hubiera una escena de sexo.
Unos meses después, al leer Las ventajas de ser un marginado, una alumna dice en clase:
- Esto no me lo esperaba, profe, que Charlie... bueno, que Charlie...
Y el de al lado dice:
- Que nos está contando que Charlie se masturba.
- ¡¡Que se masturba!! (Me llevo las manos a la cabeza y abro los ojos como platos) ¡Dios mío! No me lo puedo creer... (Cambio la cara) Como todo el mundo, ¿no? ¿o es que es algo raro?
Para los que piensen que los chavales de hoy en día y sus padres tienen superados ciertos tabúes.












