miércoles, 30 de julio de 2014

Escuchando elefantes

Hace un tiempo, a través de Lila & Cloe, supe de la existencia de este grupo, que hace una música maravillosa.




También supe que habían estado en mi ciudad y yo me los había perdido.

Pero ya tendré más oportunidades.




Lo que sé es que me encantan.




Son tristes, con cierto sabor a tradición, y sin pretensiones. No sé, ya sabéis que no sé nada de música. Pero me tienen atrapada.

Ésta es su página, en la que podéis ver sus vídeos y escuchar su música.

martes, 29 de julio de 2014

El Gran Hotel Budapest

Le tenía muchas ganas a esta peli.


Pero al final, ha tenido que ser mi hijo el que ha insistido en verla.


El universo de Wes Anderson. Tan especial y tan reconocible.


Para mí esto es cine en estado puro.


Las impresiones de un chico de doce años (casi trece):

- Es muy rara, pero me gusta.

Para mí es simplemente Wes Anderson. No digo más porque soy fan.




Ah, sí, y basado en los escritos de Stefan Sweig.

lunes, 28 de julio de 2014

Agobios vacacionales

Sabéis que me gusta agobiarme incluso de vacaciones. Y este año no iba a ser menos.

Estoy descansando mucho, leyendo mucho, tejiendo, pasando tiempo con los niños, con los amigos...

Pero he tenido esta semana unos días de nervios, de agotamiento y de no dormir.

Os cuento.

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A finales de curso, el profe de instrumento de mi hijo le dijo que se apuntara a un curso de verano, que estaba bien, que le iba a divertir...

En fin, que el niño dijo que sí, le matriculamos y no lo dimos muchas vueltas hasta hace unos días.

Empieza el curso con una presentación oficial. Vamos padres y alumnos. Mi hijo es el más pequeño de todos con bastante diferencia sobre el resto. La mayoría son adolescentes y adultos.

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Esa noche, la noche anterior a empezar las clases, me pongo bastante nerviosa.

- Bueno, mañana a ver qué tal el curso.

- No sé si quiero ir, mamá.

- Pero si dijiste que te apetecía...

- Ya, es que pensaba que era un campamento de verano de esos de comer en la hierba...

- ¿¿??

En fin. Madre toda una noche sin dormir pensando "si no le gusta, a pesar del dinero perdido, y de todo, no va". No le podía obligar, porque la música se está convirtiendo en una parte importante de su vida, y hay cosas que no se pueden forzar.

El horario, además, es un poco salvaje. De nueve y media a siete de la tarde. Todo el tiempo música. ¿En qué demonios estaba pensando cuando le apunté?

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Así que le llamo y le cuesta un montón levantarse, va con mala cara todo el camino, no tiene ganas y piensa que va a ser un rollo.

Paso el día intentando distraerme. Paseo por el centro, desayuno por ahí, quedo con una amiga, voy de compras, intento no pensar en ir a buscarle y salir corriendo de allí con el niño de la mano.

Las siete de la tarde por fin, y cuando sale, bebiendo un refresco, hablando con su profe y con una sonrisa de oreja a oreja.

Me bombardea con todas las cosas que han hecho, con todo lo que ha aprendido en un solo día, con las horas que lleva tocando el instrumento...

Esa noche, al ir a acostarle, me dice:

- El año que viene me voy a volver a apuntar.