jueves, 29 de enero de 2015

Acoso escolar

Un compañero del instituto de mi hijo apareció muerto hace un par de días (no era de su clase y no lo conocía). Se cree que fue un suicidio. Quizá la sombra del acoso también planee por ahí.

Tuve, hace ya unos años, un alumno que murió. Creemos que algo de acoso hubo detrás de ello. Y problemas familiares graves, todo junto. No entraré en detalles.

http://weheartit.com/entry/5832232?pgx=null


Pero no es de esos casos de lo que quiero hablar; quiero hacerlo de la tendencia natural que tienen a ciertas edades a excluir, insultar, acosar... tendencia que hace muy difícil a los que trabajamos con chavales ver realmente el alcance de las cosas.

Sé que esto os va a sonar extraño, y que quizás me critiquéis por ello. Pero la línea entre lo que para ellos es normal y lo que desde una mentalidad adulta es acoso es muy fina.

Tengo por costumbre dar clase a los alumnos más pequeños del instituto, chicos de entre doce y quince años. Mis alumnos se meten unos con otros constantemente. En clase, en los pasillos, fuera de clase, en el patio... Forma parte de su manera de relacionarse.


http://abrahumjapan.tumblr.com/post/51717655216


Entonces ¿cómo podemos saber cuándo hay acoso?

Es difícil de saber, por eso es difícil de atajar. Porque si hubiera unas pautas fijas, si supieras que cuando pasa esto y esto es acoso, se tomarían siempre medidas y no se llegaría a ninguna situación extrema.

Pero a veces, a menudo, los límites son muy difusos.


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Una alumna a la que doy clase, a la que llaman gorda de mil maneras diferentes, pero muchas veces antes, o después, ella se ha metido con el que huele mal, con el que es bajito, con el de las gafas, con el menos agraciado físicamente...

Ya sé lo que me diréis, a veces los chicos tienen que insultar a otros como mecanismo de defensa. El problema es que muchas veces no sabes qué va primero, quién es realmente el acosado.

En ocasiones, pocas, el caso es de manual, un niño de la clase es siempre el excluido, por la cuestión que sea. Y siempre se meten con el mismo, las pullas van siempre en la misma dirección, y puede que él o ella se defienda, pero ves claramente lo que es. Ahí sí, ahí sé lo que hacer, sé lo que intentar, aunque es difícil pararlo, existen soluciones y hay que ponerlas todas encima de la mesa.


http://www.philchester.com/portland-wedding-photographers/


Pero en la mayoría de los casos no es así. Y a lo mejor la persona a la que menos te parece desde fuera que le afectan las cosas es a la que más daño están haciendo.

No sé, supongo que no me he expresado bien.

Simplemente es algo que llevo dos días dando vueltas, pensándolo con mis alumnos, con los que comenté ayer el caso del insti de mi hijo y con los que he estado hablando de ello.

Muchas veces, en estos casos se comenta: ¿Cómo puede ser que no se enteraran sus profesores? Y yo me pregunto eso mismo, pero también ¿Como no se enteraron sus padres? ¿Por qué no dijeron nada sus amigos?

miércoles, 28 de enero de 2015

Postales viajeras

Después de mucho pensar, finalmente me apunté a las postales viajeras organizadas por Carmen del blog Mi low cost.

Esta ha sido mi primera aportación al tema.



Y digo primera porque ya he repetido.

Nunca está de más para atreverse a pasar un poco de tiempo preparando un envío.

Y nunca está de más que entren cosas bonitas en casa.

Como éstas.


Mi segundo envío fue éste.


He tenido un poco de mala suerte, porque no me ha llegado más que una de las dos postales que tenían que venir. Correos ha funcionado fatal en estas Navidades, y no sé si será por eso o por cualquier otra causa.

Aún así, lo he disfrutado un montón.

Porque también estas navidades he recibido postales y envíos de gente maravillosa, de mi vida 1.0 y de gente que he conocido gracias al blog.

Gracias a todos.

martes, 27 de enero de 2015

El coro

Todos los niños son especiales a su manera.

Mi hijo pequeño es más especial que la mayoría de los niños que conozco. Es lo que viene a llamarse "raruno".

Cuando empezó primero de primaria, le ofrecí apuntarse al coro del colegio. Me dijo que no, horrorizado, a pesar de que yo sé, y a estas alturas todos sabéis, que le encanta la música, pero estaba en una etapa de mucha vergüenza por todo y no quiso.



Estas Navidades me dice:

- Quiero apuntarme al coro.

Así, sin anestesia.

- Uhm..., eh...  ¿A qué coro?

- Al del colegio.

- Ah, vale.

Lo dejé pasar porque es lo que tiene ser impulsivo, que lo mismo que viene, va, y tengo que dejar que dé unas vueltas a las cosas antes de dar ningún paso.

Empezamos el cole el día 8, jueves. Al llegar a casa me dice:

- Mañana hay ensayo.

Otra vez sin anestesia ni ná.

- ¿De qué?

- ¿De qué va a ser? De coro. Ya me has apuntado, ¿no?

 Tuve que explicarle que el curso estaba avanzado, que no le había apuntado pero que puede que no le dejaran entrar en el coro a medio curso, y que hacían unas pruebas de voz, y a lo mejor no lo cogían.




Semana siguiente. Un día cualquiera por la tarde, haciendo deberes.

- ¡Qué nervioso estoy!

- ¿Por qué? ¿Qué te ha pasado?

- Por la prueba del coro, a ver si la paso. Esta noche he dormido mal pensando en si no me cogen.

Entonces ya sí, ya tuve que coger el toro por los cuernos e irme a hablar con quien hiciera falta.

La profe de coro me dijo que sí, que sin problema, le hizo la prueba el viernes, se quedó ya a ensayar dos horas, y volvió con una sonrisa de oreja a oreja.




Pero lo que os decía al principio, lo de la rarunez de mi hijo, no iba por todo esto.

¿Sabéis lo que tenemos puesto en bucle desde el viernes pasado?

Nada de Justin Bieber, nada de villancicos, ni siquiera las canciones de Los chicos del coro, que se sabe de memoria en un francés que espanta.

Es esto:




Es ¡Zarzuela!

¿Cómo se os queda el cuerpo? Pues a mí, igual.